Alfas y Omegas, la noche más larga de Malaquías Baviera

Mariela González (@Scullywen)

Hay ciertos espacios que, sin tener a priori nada de irreales, nos resultan tan ajenos y lejanos como cualquier paraje de fantasía, como una Camelot o una exuberante Shangri-la. Es el caso para nosotros de esas congregaciones universitarias, las fraternidades, que conocemos gracias al cine o a la televisión. Podemos citar sin tener que pensar mucho términos asociados a ellas, tal vez hasta describirlas haciendo uso de esos lugares comunes que nos han enseñado mil y una veces… ¿Pero entendemos realmente qué se cuece en ellas? ¿Qué hay tras sus paredes, cómo se mueve la vida en su interior?

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No, no balbuceéis, no tratéis de salir por la tangente. Las fraternidades son esos lugares vedados todavía a nuestro entendimiento, a menos que hayamos pasado tiempo en una universidad americana y las conozcamos de primera mano. Así que el universo de Alfas y Omegas, pese a contener objetos y personas “reales”, nos resulta insondable, tan desconocido como si realmente nos estuviéramos adentrando en el espacio exterior. Tan desconocido como al protagonista de la novela, Malaquías Baviera. Un joven que, como nosotros, procede de otro mundo, que se tiene que integrar a la fuerza en un entorno muy distinto al suyo. Porque, sí, Malaquías es un empollón. El tipo de aspecto descuidado que se suele llevar collejas cuando pasa junto a algún grupo de “triunfadores”… y el único que puede echar una mano a su amigo Oscar con las pesquisas que quiere llevar a cabo en la fraternidad Omega Pi Tau. No le queda más remedio, por tanto, que zambullirse en una fiesta en la que encontrará misterios mucho más fascinantes de lo que hubiera podido imaginar.

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Alfas y Omegas se nos presenta como una divertida novela detectivesca, con los elementos bien dispuestos sobre la mesa. Cualquier investigador que se precie debe ser un tipo peculiar, y Malaquías cumple con esta premisa a la perfección: no sólo es el rara avis del lugar debido a su procedencia mejicana, sino que además es un estudiante de Física analítico y sagaz, capaz de descomponer el mundo que le rodea en base a jugadas de ajedrez. Que parezca, a simple vista, un nerd clásico no significa que sea un tipo apocado; antes bien, su afilada lengua salta rápida como una serpiente a por su presa dialéctica, sin dejar títere con cabeza. Peculiar es también su amistad con Oscar, un conocido entrenador de fútbol en el campus, de gran corazón aunque capacidades asertivas mucho menores. Oscar pide a Malaquías que le acompañe a la fiesta de la fraternidad para que investigue, con toda la sutileza y discreción de que sea capaz, a Bones David, un jugador al que espera fichar para su equipo. El proverbial mal ojo de Oscar para los fichajes hasta la fecha, que le ha hecho elegir a jugadores que se han lesionado a la primera de cambio, le hace querer andar con pies de plomo y confiar en el buen criterio de su amigo: quiere que sea Malaquías quien le diga si Bones va camino de ser una estrella u otro juguete roto.

Es una premisa extraña, como extraña es la amistad entre dos personas tan diferentes. Y pronto nos daremos cuenta de que ese microcosmos que se desarrolla entre las paredes de la fraternidad está plagado de personajes secundarios todavía más peculiares. En torno a Malaquías empezarán a pivotar animadoras tan superficiales en apariencia como maternales; aprendizas de bruja de andar por casa, femme fatales, administrativos sumisos que aspiran a ganarse reconocimiento, líderes de hermandad con debilidad por lo esotérico… Aunque nada será lo que parece en ese peculiar baile de máscaras; una capa se irá revelando bajo otra, y Malaquías, en medio de todo, estimuladas su hiperactividad y su ansia por descubrir la verdad, se verá inmerso en varios misterios a la vez, que tendrá que sostener en equilibrio como si de un experimentado camarero se tratase.

Lo que en un principio parecía una maraña de voces y caracteres se va desenredando poco a poco. Los hilos adquieren independencia, se separan, y los personajes se mueven y respiran con carisma propio gracias a un hábil José Luis Carrasco a la batuta. Si complicado resulta hilar fino en una novela de detectives (no olvidemos que todos nos convertimos en investigadores al leerla, y es importante que no quede ningún cabo suelto del que podamos tirar y desmontar todo el tinglado), digno de elogio es además dar aliento a tantos personajes distintos, cada uno con su forma de hablar y sus características, y conseguir que interactúen entre sí, que se nos muestren vivos. Por supuesto, hay una pequeña “trampa”, y es la figura omnisciente de Malaquías como hilo conductor, capaz de estar aquí y allá; de llegar en el momento preciso para escuchar la conversación que interesa o de tener la idea genial justo cuando hace falta. Pero incluso a una figura avispada como la suya le sucederán eventos imprevistos y le surgirán enemigos de los lugares más insospechados.

Alfas y Omegas funciona con la premisa del “más difícil todavía”. Sin vergüenza, con total orgullo, bebe de la amplia fuente de la subcultura presentándonos un ecosistema en el que el pulp, la ciencia imposible, los misterios paranormales y los juegos de rol coexisten como algo totalmente normal, no como elementos externos que se introducen para provocar un extrañamiento. Es esa naturalidad con que va creciendo la novela, desenvolviéndose frente a nosotros en un diálogo espontáneo, lo que la dota de un dinamismo y un carisma sorprendente. A pesar de los detalles a veces surrealistas, no se advierte artificio, no se desmorona el atrezo. No podemos hablar mucho del argumento sin desvelar el gran giro que nos conducirá al final, pero os adelantamos que es un auténtico salto mortal en el aire por parte de la novela. Y José Luis Carrasco sabe cómo caer de pie.

En un terreno en el que es fácil caer en los tópicos, Alfas y Omegas se alza y nos lleva por un viaje realmente refrescante, en ascensión real y simbólica hasta un crescendo inesperado donde parodia y homenaje se dan la mano en perfecto equilibrio. Sin duda, una noche interminable para el bueno de Malaquías, aunque no tanto para nosotros, que devoramos la novela y nos quedamos con ganas de más.

Si queréis descargar un avance de la novela, podéis hacerlo desde aquí. ¿Y qué mejor que ceder la palabra a su autor para que nos desvele algo más?

Entrevista con José Luis Carrasco:

“Siempre sospecho de todo lo que se ajuste con demasiado rigor a estándares estrictos, porque la vida, simplemente, no funciona así.”

Jose Luis CarrascoNo vamos a comenzar con esa odiosa pregunta, “¿de dónde sacaste la idea?”. Pero vamos a maquillarla un poco, porque lo primero que llama la atención de Alfas y Omegas es sin duda su ambientación. ¿Por qué el mundillo de las fraternidades universitarias, tan lejano a nosotros (en teoría)? ¿Hubo alguna inspiración directa para la historia o los personajes, quizás de alguna película o serie teen norteamericana?

El proceso de generación de las ideas es un misterio para mí, y muchas veces creo que en el cóctel de un impulso creador se suma todo a la vez: los gustos, las preferencias, los deseos e incluso elementos subconscientes que rara vez percibimos. La idea, en su origen, era abordar una época de tránsito en la vida fundamental: la de los primeros veinte años, cuando finalizamos nuestros estudios e ingresamos en la sociedad como elementos activos. Se ha escrito mucho sobre otras edades de iniciación, como la infancia o la adolescencia, pero creo que no tanto acerca de esta. Para mí es una época llena de grandes revelaciones e incertidumbres.

Cuando uno se matricula en la universidad, no es ni un niño ni un adulto, sino un joven que conserva aún parte de su inocencia. La Universidad ejerce una función “civilizadora”: ofrece una gran cantidad de conocimientos y de libertad para asumir el propio camino. Pero tras cruzar el umbral uno ve que florecen también asociaciones, grupos y consejos de docentes y de alumnos que condicionan el devenir de los alumnos. En los departamentos, por ejemplo, se mantienen líneas ideológicas que condicionan qué tesis y estudios se deben realizar bajo sus auspicios. Entran en juego decisiones políticas, líneas de separación, diferencias de clase. Esto representa a pequeña escala el mundo parcelado con que uno se va a topar en la vida adulta.

Las fraternidades, como antesala del paso definitivo a esa etapa, pertenecen a esas instituciones jerárquicas que sirven para diferenciarse, para crear sociedades aisladas. Modelan un sentido de tribu, de élite. Malaquías Baviera proviene de una familia mexicana, de clase baja, y, como Groucho Marx, nunca entraría en un club de ese estilo ni aunque le invitaran. Mi propósito era mostrar la mayor oposición entre ambos mundos.

Aparte de su significado social, para la historia ayudaba la existencia de un grupo de estas características, cerrado y un poco secretista, empeñado en no airear demasiado sus trapos sucios. Es verdad que no hay alternativa parecida en España, pero como decía antes, sí que existen colectivos similares. Ignoro si este plan llegó antes que el deseo de escribir una novela criminal o fantástica, o si ambas apetencias se reforzaron mutuamente.

En cuanto a inspiración, la película Animal House y su humor loco y entrañable me vino a la cabeza a menudo mientras escribía.

El héroe-detective de la historia, Malaquías Baviera, es sin duda bastante peculiar. Se nos presenta en un primer momento como un nerd clásico, intimidado ante la posibilidad de tener que mezclarse en una fiesta llena de sus “enemigos naturales”, los deportistas. Pero lo vemos adaptarse enseguida, mezclarse como pez en el agua y ser capaz de utilizar el afilado dardo de su palabra para derribar a los demás en sus conversaciones. Al final de la novela conocemos sus filias y fobias, sus rarezas entrañables… e incluso algo de su futuro. ¿Tienes pensado darle continuidad, presentarlo en nuevas historias?

Los detectives tradicionales, como Sherlock Holmes o Sam Spade, son de una pieza. Terminan los libros igual que como los inician. Ahora ya no se estila tanto, pero aún así algunos personajes de novela negra siguen pareciendo algo hieráticos para mi gusto. A mí me apetecía más un investigador apocado, que evolucionara según avanza sus pesquisas. Al principio la timidez supera a Malaquías, pero nuestro investigador es inteligente, y con la inteligencia se puede conseguir todo. Confieso que Alfas y Omegas es para mí tanto una novela de intriga fantástica como el proceso de madurez y descubrimiento de un héroe en potencia. En ese sentido, me gusta pensar que Malaquías experimenta un ideal de forja casi caballeresco.

Antes de Alfas y Omegas ya publiqué un relato breve protagonizado por él. Se titula “El alma de la fiesta” y lo editó en papel la revista mallorquina “La bolsa de pipas”. En él se presenta a un Malaquías en torno a los cuarenta años, más seguro de sí mismo y libre de prejuicios, un poco más gamberro también, encerrado contra su voluntad en un bar norteamericano. Es un texto muy breve, apenas un homenaje literario a Thomas Pynchon. Por pura casualidad, el relato también sucede en una fiesta.

Tengo algunas ideas nuevas para él, pero lo fundamental cuando escribo es no repetirme, así que probablemente meditaré mucho qué hacer con él. No más fiestas, por tanto.

También he terminado un cuento con un secundario de Alfas y Omegas como protagonista, y si los editores de Carlinga lo tienen a bien, saldrá a disposición de los lectores en algún momento.

El entramado de personajes que puebla la novela es para quitarse el sombrero. Háblanos un poco de cómo encaraste el trabajo, que se antoja titánico, de hilar semejante tapiz sin que quedasen cabos sueltos. ¿Utilizaste alguna herramienta especial para organizar la constelación de relaciones, tiraste de libreta, de post-its? ¿Tienen los personajes secundarios fundamento o inspiración en personas reales? (¡sin spoilers!)

Me gusta recurrir a libretas para las notas, y abandonar un poco el “tedio del teclado”, por parafrasear a Robert Walser, pero sobre todo utilizo un software para escritores y guionistas, muy recomendable, llamado Scrivener. Trae numerosas herramientas para organizar el texto, los personajes, las notas, y otras opciones como estadísticas del proyecto. Gracias a él redacté una lista de personajes con sus particularidades, y anoté en qué escenas de la historia debían entrar en acción. Aún así, no hay mejor remedio para tenerlo todo atado que leer la historia muchas veces, y que otras personajes tengan la gentileza de leerla también, y descubrir esas pequeñas lagunas que en tu mejor día se escaparon de tu microscopio.

Los personajes secundarios funcionan en esta novela como engranajes para que avance la trama. Por tanto están creados ex profeso, a medida. Incluso eliminé dos de ellos por superfluos. No cabía demasiado espacio para basarme en personas reales porque necesitaba que cada uno cumpliera su rol específico. Lógicamente esto no excluye el que tratara de darles un sabor propio. Me preocupé de que cada uno respirara con independencia porque además cada uno debía representar un aspecto del variado microcosmos de la mansión.

Se advierten numerosas influencias en Alfas y Omegas: desde el pulp hasta la novela detectivesca clásica (no falta la “escena del salón”), pasando por los juegos de rol, y me atrevería a decir que las aventuras gráficas (menudo Maniac Mansion que está montado en esa fraternidad). Si tuvieras que elegir un medio distinto del literario para ver tu obra adaptada, ¿cuál sería? ¿Cómic, juego, cine..?

Tus observaciones han dado en el clavo. Esta es una novela que proviene y que representa, bajo mi punto de vista, la postmodernidad que nos toca vivir. Por eso se nota la sombra de los videojuegos, como muy bien has visto en esa referencia a Maniac Mansion, a la novela pulp y los juegos de rol, sobre todo los más irreverentes, como el Paranoia de Steve Jackson.

Yo además añadiría la literatura imaginativa de Alfred Jarry, la mezcla de estilos de Tim Powers, la sátira científica de Karel Kapek y los hermanos Strugatsky, las obras de fantasía y policiacas de Eduardo Mendoza, además del ya citado Pynchon, al que admiro mucho.

A pesar de ello, no estoy seguro de que una adaptación funcionara. Creo que el estilo de mi obra se ajusta muy poco a representaciones no literarias. En todo caso me has pedido que elija, así que vamos a jugar: yo me inclinaría por una película dirigida por Gonzalo Suárez. Sólo este magnífico realizador asturiano, que además anda sobrado de obras fantásticas y de serie negra, podría imprimir a una obra el estilo de tierna extravagancia que he querido darle a Alfas y Omegas. Se da la casualidad de que Suárez ejerce también de periodista y escritor, y entiende como muy pocos la labor de adaptación literaria al cine. Si él hiciera algo con el humor de Aoom y la profundidad de Remando al viento, sentiría que me ha tocado la lotería.

Como segunda opción, no rechazaría un videojuego realizado por Ron Gilbert, el padre del Secret of Monkey Island, pero me temo que ahora los videojuegos siguen una tendencia muy diferente a la que yo conocí cuando jugaba a ellos.

Ya hemos hablado de Malaquías, de los personajes… ahora toca que nos cuentes algo de ti. Dices en tu página web que “tratas de escribir 500 palabras al día”; no puedo evitar recordar lo que recomendaba Ray Bradbury, escribir como ejercicio al menos un relato al día. ¿Cómo es tu rutina como escritor? ¿Cuándo comenzaste en el mundillo, qué te movió a hacerlo? Y un poco de promoción adicional, que nunca viene mal: ¿cuál o cuáles de entre tus relatos (que vemos que publicas habitualmente en revistas como Próxima) nos recomendarías leer para conocerte un poco más como creador?

Trato de escribir a diario, sí. A menudo pienso que no lo suficiente, aunque también resulta saludable quedarse con ganas de continuar otro día. Es aconsejable hacerlo, aunque no te sientas muy inspirado un día y escuches cantos de sirena de muchas otras cosas para pasar el rato. Nunca se sabe cuándo puede surgir una buena frase. Por otro lado, me siento escritor incluso cuando no escribo, y creo que al leer también realizo un trabajo de escritura.

Una parte del trabajo de un autor es leer mucho, y tengo la fortuna de disponer de tiempo para enterrar mi nariz en un libro cada día. En otra época devoraba toda la literatura fantástica y de ciencia ficción que caía en mis manos. Ahora me dedico a los clásicos: Platón, Sófocles, Virgilio, Shakespeare, Cervantes, Milton, Gérard de Nerval o Jane Austen. Los clásicos son muy gratos de leer y te acompañan y te enseñan cosas nuevas cuando vuelves a ellos.

Has mencionado a Bradbury. Otro de los consejos de este fantástico autor era leer poesía, pues activa músculos creativos del cerebro que ningún otro género consigue. He leído bastante a Whitman, a Paul Valery, a Keats, a Lord Tennyson o a William Blake, y corroboro lo que dice Bradbury. Emily Dickinson no tiene parangón con ningún otro estilo, género de obra o autor de este mundo. Es muy difícil alejarte de la poesía una vez entras en ella, casi tanto como explicar el porqué de su importancia. Además, los poetas suelen ser la gente que mejor escribe en prosa, un efecto que no se da a la inversa. Pido disculpas al paciente lector por extenderme en este tema, pero no entiendo la literatura ni la vida sin leer.

Mi trayectoria literaria ha seguido un curso muy natural. Empecé a escribir de niño. Sin duda me lo inculcaron mis padres, que quizá sin darse cuenta ni obligarme a nada, predicaron con su ejemplo, porque me mostraron cómo vivir a través de la literatura. La respuesta más corta a qué me impulsó a escribir sería “porque me gusta y me lo paso bien”, y bastaría con ella. Como hay espacio para extenderme más, diré que se escribe como vía de conocimiento, de uno mismo, del mundo y de los otros. Y para aprender a organizar tu cabeza y convivir con el propio silencio cuando uno está solo. Una tercera razón es que se escribe para devolver a tus autores favoritos todo lo que te dieron. Mantienes así un fructífero diálogo con fantasmas.

Publiqué mis primeros relatos en revistas de ciencia ficción. Me animó a ello haber ganado un certamen, y la posibilidad de acceso a revistas digitales de todo el mundo gracias a internet. Si no hubieran existido estos dos factores hubiera escrito igual, pero el hecho de que ambos conlleven exigencias de estilo, formato y sobre todo, de plazos, me animó a comportarme como un profesional aunque no lo fuera. Me volví metódico y disciplinado, y de pronto me vi con un buen número de relatos en el cajón y con la capacidad de escribir una novela como Alfas y Omegas.

Me siento muy satisfecho de mi relato publicado en Próxima. Sólo se puede definir como un acto valiente, o romántico, lo de resistir con el formato papel, y Laura, su responsable, es una editora sensacional y llena de energía.

Recomendaría probar con mis cuentos de Futuroscopias. Me parece la mejor revista española de este género, muy bellamente diseñada. Creo que en ellos alcancé la madurez como autor. Ricardo, su editor, vive su trabajo con total dedicación y exigencia, y procura sacar lo mejor de cada persona que pasa por Futuroscopias.

Alfas y Omegas no es la única de tus obras en las que vemos crossovers originales. No hay más que echar un vistazo a la sinopsis de tus historias para advertir lo mucho que te gustan las ucronías, colocar a personajes improbables en lugares imposibles. ¿Con qué te gustaría experimentar en un futuro en esta línea? ¿Quizás con alguna temática nueva, algún tour de force arriesgado?

Tienes razón en que me gustan los crossovers, o más bien que me cuesta encasillar mis relatos en compartimentos estancos. Siempre sospecho de todo lo que se ajuste con demasiado rigor a estándares estrictos, porque la vida, simplemente, no funciona así.

Me gustaría profundizar en formas distintas de abordar el mito y la fantasía. Más líricas, quizá. Por otro lado, la preocupante situación de nuestra sociedad me apremia a escribir con urgencia, a recoger algún testimonio acerca de ello, de una manera más documental. Si pudiera combinar ambas cosas sin que nada chirriara, habría conseguido el tour de force al que aludes. Sea lo que sea tardará en llegar, porque como comentaba antes, intento no repetirme y eso implica pensar mucho lo que se hace.

Un placer, José Luis, y gracias por invitarnos a este rincón de tu mente.

Gracias a ti, Mariela, por haber leído la novela con tanta atención y por tus buenas preguntas.

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