Heredero del Invierno, la épica de la revelación

libro electrónico Heredero del Invierno, de Mariela González

Acabo de terminar Heredero del invierno, aún tengo el libro abierto, y creo que he salido de él como quien sale de un reencuentro con viejos amigos. Cada libro tiene su voz, su mensaje. Unos te educan, otros te movilizan. Con unos puedes jugar (hola, Perec), con otros solo indignarte (perdona, Thomas Bernhard, no volveré a leerte). Heredero del invierno está hecho de otro material. Si lo lees en tu juventud, te enamorarás de él. Si lo haces de mayor, recordarás por qué te cautivaron este tipo de novelas. En cierta manera, recuperarás el tiempo perdido.

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The Iceberg Timefold: When freedom is the punishment


(translated by Samuel Fiunte)

We hear “golden age science fiction” mentioned often as the basis for a contemporary work, and right after come the overused galactic scenarios with heroes in shiny exosqueletons and plasma rifle at hand; and spaceships and rays and… supossedly a pure black and white innocence. Supposedly.

Of course any science fiction fan will frown in front of such poor definition. Because the timelessness lies behind the dressing. Part of the ethic dilemma, the instrospection and the constant swinging between good and evil lies in the fact that it doesn’t just questions and puts the fictional characters against the ropes but us as well. And if this is achieved successfully it is not strange that the scenery becomes the McGuffin (the other way around as what happens in other genres, and this is the hardest thing to grasp for those blinded, positively or negatively, by the fireworks and speculation). The ambiguety in certain areas of the setting in thus perfectly justified, adding and not taking away from our experience. Because the important thing is, of course, that we feel that it all can happen, in every time, to every person.

The Iceberg Timefold – Miguel Gamez

The Iceberg Timefold by Miguel Gamez knows this lesson well. It’s a novel written with the accuracy of a marksman: although short in lenght, it is impossible to find any fracture or narrative crack where to sink our teeth and doubts or scepticism. Everything is precisely measured, maybe thanks in part to skills adquired in the advertisement world. A world in which Miguel has been many years. The messages are crystal clear from the get go, and far from trying to be a tirade of selfrighteous statements (a mistake that is very often commited in science fiction) they link together and enrichen each other.

The crown jewel of the whole structure is the always current and unconfortable idea of freedom limitations. How much should we allow the control organisms to decide (by using The Objectivity) to punish a person by restricting its autonomy? Where are the limits to that? And above all, and accepting there are tones of grey in the search for good and order, who marks those boundaries? Because in the case of Fergus Kerapan, one of the lead characters and the one who bring us into the fictional world, his conviction for fraud (which is enforced via a graphene armor that restricts his autonomy) is softened once his former company decides that it needs him at work once again. The Megacorps presence is another of the genre tropes that holds The Iceberg Timefold together: it is hard to grimpse where the long tendrils of the corporations end, how much of Everything is supervised and controlled by them. It is disturbing, as it was 40 years ago, to find so many similitudes between this and our own reality.

Once we’re thrown into The Iceberg Timefold world, thanks to the clues of a near future that is much more technologically advanced, the attention sways over to that other liberty that is so often bundled together with the physical freedom: The psychological one. Without unveiling much about it I’ll say that the mind of another of the lead characters, Lazarus Davids, is suddenly optimized beyond the human reach.

Freed at once from physical and mental boundaries, and without emotional ties or a perception of his surrounding world shaped by countless external views, Lazarus nearly becomes a human computer. From that twist onwards (yes, it’s just 100 pages but they allow for well sketched twists), his life becomes an obsession to design the perfect plan to reach his zenith and leave behind his human nature entirely. But there is still a pending emotion that guides his movements: The payback mixed with a glint of desire to humiliate those he considers inferior to him. Without that tiny tasty bit his plan wouldn’t be complete.

So there is the Daemon, the ghost in the machine. The small remain of that maybe, just maybe will end up turning up against him that void he craves.

If we would like to label The Iceberg Timefold, we could use “Hard science fiction” instead of “classic science fiction” without much hesitation: there is plenty of technical jargon from different sources in a raw and direct way. That is used as another tool to create and glue the setting. Miguel Gámez teaches us something we already knew but that it’s always cool to remember and feel when we’re reading: the fact that technology and emotions dance together, in our world or on a made up one. It is a constant, unbreakable and risky dance.

Entrevista a Carlos Rubio ganador del II Certamen Carlinga

Parece que fue ayer cuando empezamos y ya hemos concluido nuestro II Certamen Carlinga de Relatos Cortos de Ciencia Ficción. Pero aquí estamos, orgullosos del magnífico resultado de esta segunda edición y del gran nivel con el que nos hemos encontrado.

Vamos a hablar con Carlos Rubio, que con su relato Vórtice se ha alzado como ganador del certamen. Un relato que podéis encontrar y disfrutar aqui.

Carlos Rubio.

Carlinga Ediciones: Hola Carlos, enhorabuena por tu relato y bienvenido a nuestra humilde casa. Cuentanos, ¿qué te animó a participar en nuestro II Certamen Carlinga?, y ya que preguntamos ¿te ha sorprendido ganarlo?

Carlos Rubio: Muchas gracias. Pues veréis, ya participé en el I Certamen y aunque en aquella ocasión no tuve suerte, me gustó la experiencia y en cuanto salieron las bases de la segunda edición, me puse manos a la obra. No es que tuviera mayores expectativas esta vez, pero tenía una historia en mente y me apetecía volver a intentarlo. Fue una gran sorpresa cuando me llamasteis para decirme que era el ganador. Estaba volviendo de mis vacaciones y me alegrasteis el viaje. Me hizo muchísima ilusión.

C.Ed.: Vaya, entonces eres un veterano de nuestro certamen, magnífico. Y haces bien en perseverar, así es como se mejora. Pero dinos más, como lo has enfocado en esta segunda ocasión ¿cómo ha sido el proceso creativo?, ¿de dónde ha surgido la historia?, y claro ¿qué significa para ti?

C.R.: Aproveché la temática del concurso para adaptar una idea argumental más compleja que tenía en mente desde hacía un tiempo…, tuve que sintetizarla mucho para ceñirme al límite de palabras del concurso, por lo que no estaba seguro de que el resultado final fuera bueno. A mí me gustaba, claro, pero no sabía si sería suficiente. Dentro de la gran diversidad de temas que coexisten en la sci-fi, los dinosaurios siempre han sido un referente para mí, con “Jurassic Park” a la cabeza. Llevaba tiempo queriendo escribir sobre dinos, así que pensé que viajar en el tiempo y enfrentarme a ellos directamente era la opción más fácil. Lo demás fue surgiendo de manera natural: el bosque, los raptores, la huida, el vórtice…, los elementos estaban ahí y solo había que unirlos. Disfruté mucho escribiéndolo.

C.Ed.: Lo dicho, buen trabajo. Y nos alegra haberte dado tan grata sorpresa. Han cambiado, a partir de saberte ganador, tus espectativas de futuro como escritor. Cuentanos ¿cuales son tus planes a partir de ahora?

C.R.: Para quienes amamos la literatura y soñamos con dedicarnos a esto algún día, recibir cualquier tipo de reconocimiento, por pequeño que sea, es una recompensa enorme. Mis planes futuros son, en general, no parar de escribir ni un solo instante, y en particular, irme a estudiar a Madrid el curso que viene para aprender a escribir de manera profesional. No tengo ni idea de adónde me llevará este viaje ni si lograré mis objetivos, pero ¿quién lo sabe?

C.Ed.: Pues te deseamos la mejor de las suertes. Para continuar podrías contarnos cuales son tus autores y/o obras de referencia, y para todos los que nos leen ¿qué lecturas nos recomendarías?

C.R: No tengo una temática predilecta, la verdad, sino que suelo leer libros de todo tipo. Aún así, dentro de la ciencia ficción, mis favoritos son claramente la saga jurásica de Michael Crichton y también otras novelas suyas menos conocidas, como “Next”. Aunque me quiera dedicar al mundo de la literatura, he sido estudiante de ciencias toda mi vida y me fascina especialmente cómo Crichton se adelanta a su tiempo y funde de manera magistral la biotecnología y la fantasía sin que nadie se percate de que, bajo esa historia genial plagada de dinosaurios, hay un argumento científico complejo y preciso. Animo a todo aquel que haya visto la película a coger el libro y dejarse llevar. No obstante, más allá de la ciencia ficción, las últimas novelas que he leído y que también recomiendo con los ojos cerrados son “El jilguero” y “Matar un ruiseñor”.

C.Ed.: Vamos a ponerte en un aprieto, no lo podemos evitar. Desde tu punto de vista, ¿qué opinas de los libros electrónicos?, ¿crees que ya son una realidad o solo una moda?, ¿usas normalmente algún lector de libros electrónicos?

C.R.: Lo cierto es que no soy un cliente o usuario habitual de los libros electrónicos, pero creo que se debe simplemente a que no soy muy hábil con las nuevas tecnologías. Aún así, he oído mucho sobre ellos y el otro día una amiga me los recomendó fervientemente. Teniendo en cuenta los precios que llegan a alcanzar algunas ediciones físicas, los libros electrónicos parecen una alternativa interesante que debe perdurar más allá de la moda o novedad. Me parece francamente escandaloso que un libro llegue a valer 40 o 50€, por mucha tapa dura que tenga

C.Ed.: Y ya por último, dos fáciles, ¿qué cambiarias de este certamen para mejorarlo?, y ¿qué consejos le darías a los futuros participantes del III Certamen Carlinga? Prometemos hacerte caso, si podemos…

C.R.: Aumentar la extensión máxima del relato, hasta las 7 u 8 páginas, quizás, con el fin de permitir un desarrollo más profundo del argumento. Entiendo, aún así, que la participación al Certamen es cada año mayor y esto supondría un esfuerzo extra al que ya requiere de por sí.

Por otra parte, el único consejo que puedo dar es el de no escribir sin disfrutar. Este tipo de concursos en el que se reciben cientos de pequeñas historias, no solo supone un gran esfuerzo para vosotros, sino también una gran responsabilidad. Cada relato ha sido escrito con mimo y con cariño, por lo que elegir y quedaros solo con uno, dos o tres, debe de ser una tarea complicada. Por eso, quienes participamos debemos hacerlo desde la humildad y la comprensión. Si nosotros disfrutamos escribiendo y vosotros disfrutáis leyendo, aunque al final nuestra historia no obtenga ningún premio, todos habremos ganado.

C.Ed.: Te damos toda la razón, buen consejo y buena refelxión. Muchas gracias por atendernos Carlos, suerte en todo.

Entrevista conjunta: Agatha Grey y José Luis Carrasco nos hablan de Celsius232

Para cerrar nuestro capítulo dedicado a Celsius232, hemos querido ceder la palabra a dos invitados que han tenido especial relación con el evento. Por un lado tenemos a Agatha Grey, escritora alicantina ganadora del concurso literario H.P. Lovecraft, organizado por el festival, con su relato Deseo de Juventud (publicado en La Nueva España y que podéis leer en este enlace. Y por otro uno de nuestros autores, José Luis Carrasco, que como bien sabéis presentó su libro Alfas y Omegas en él. Hemos realizado una entrevista conjunta con ambos que esperamos que os sirva para conocerlos mejor, ¡y para aumentar vuestras ganas de visitar Celsius232 el año que viene!


¿Es vuestra primera vez en el Celsius, ya sea como creadores o como visitantes? ¿Qué aspectos destacaríais del festival en relación con otros de nuestro país, por qué creéis que se distingue especialmente?

Agatha: Este año me he estrenado como autora y visitante, así que ha sido una “primera experiencia doble” muy especial. Para mi sorpresa, me he encontrado con una organización y un elenco de autores que exceden con creces las expectativas de cualquier visitante. Imposible aburrirse con la cantidad y calidad de las actividades programadas, que tienen lugar en el centro histórico de Avilés en un ambiente muy distendido, ameno y familiar. Sin duda, un evento “mágico” para los enamorados del género fantástico.

José Luis: He acudido al Celsius los tres años que lleva de andadura. Los dos primeros lo hice como visitante, este último en presentación de Alfas y Omegas. No he estado en muchos festivales literarios, pero sí conozco a gente que ha ido a unos cuantos. Por la impresión que me formo, la mayoría de estos eventos tienen lugar en espacios cerrados: hoteles, centros para convenciones, etcétera. El Celsius, al igual que la Semana Negra, otro festival de espíritu parecido, sucede al aire libre y en unas condiciones muy agradables: en el casco viejo de Avilés, en un espacio diáfano y peatonal.

Además, el Celsius tiene unas dimensiones reducidas que lo hacen muy accesible y favorecen el contacto humano: no hace falta correr una maratón para asistir a una entrevista ni emplear varias horas en ver los puestos, que por cierto son todos de venta de libros, y no de comida o alcohol. Y como guinda del pastel, no cobran entrada. El Celsius resulta muy abierto a cualquier público, muy poco invasivo, y por lo que me cuentan, los vecinos de Avilés lo reciben bastante bien.

¿Qué importancia tiene para un autor novel, en vuestra opinión y experiencia, el acudir a un festival y entablar contactos? ¿Creéis que ese perfil del escritor bohemio, encerrado en sus cuatro paredes y entregado a su mundo, debería ser ya algo condenado al pasado?

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Agatha Grey

Agatha: Asistir al festival formando una pequeña parte del programa ha sido todo un regalo. Conocer a otros autores y profesionales del mundo literario siempre puede dar frutos interesantes en un futuro. En ese sentido, creo que el Celsius es una gran oportunidad para darse a conocer que no se debe desaprovechar. Si me hubiese quedado en casa adoptando el “perfil de escritor bohemio” no habría tenido la oportunidad de hacer esta entrevista, por ejemplo.

José Luis: Para promocionar un libro siempre ayuda pasear por un festival y conocer gente, pero no recomendaría hacerlo con vistas a fomentar una carrera profesional. El mundo de la literatura es muy complejo y nunca se sabe a través de qué medio se van a publicar tus obras. Personalmente, creo que es mejor visitarlos y dejarse llevar. El Celsius está lleno de organizadores, novelistas y libreros encantadores. Es posible que hagas amigos para toda la vida, o que al menos pases muy buenos ratos. Si luego surge una posibilidad, bienvenida sea, pero yo nunca iría con eso por delante.

En cuanto a la segunda pregunta, escribir es un asunto muy solitario. No solo por las condiciones del trabajo sino porque uno necesita un espacio propio donde reflexionar y, si la cosa va bien, encontrar alguna idea que merezca ponerse en un párrafo. Siempre habrá autores privados, o tímidos. No me parece mal. Lo importante de un autor son sus obras. Es lo que permanece. Lo que los escritores expliquemos sobre ellas no tiene más trascendencia que las conclusiones que extraerán los lectores, porque la obra les pertenece a ellos. Tiene que ser así, si no, el libro no funcionaría. Lo cual no quita para que las presentaciones de una novela sean muy interesantes, y lo dice alguien que ha ido como fan a unas cuantas.

Seguro que la asistencia al Celsius 232 ha supuesto una inyección de motivación para vosotros, cada uno a su manera. Contadnos un poco si es así: ¿tenéis en mente nuevos proyectos (¡todo lo que no sea confidencial, claro!), algo que os haya motivado a experimentar nuevas ideas, alguna persona que os haya inspirado?

Agatha: Nunca mejor dicho. Que mi relato: Deseo de Juventud haya sido premiado es sin duda un reconocimiento que me ha animado a seguir escribiendo. En estos momentos estoy planificando con mucha ilusión un relato steampunk, y más adelante me gustaría animarme a escribir cuentos y alguna novela de corte fantástico.

Encontré muy inspirador el encuentro con Brandon Sanderson. El prolífico y joven autor nos deleitó con frases del estilo “si tus historias pueden ser increíbles, por qué no hacerlas todavía más increíbles” o “para que un libro sea bueno, no basta con una buena idea, se necesitan muchas buenas ideas”. Y para los que estuvieron allí: sí, yo fui la que le pregunté por los tres asientos vacíos de la primera fila (refiriéndome a ellos como si estuvieran ocupados por los tres “aspectos” principales de su relato corto Legión) y, a cambio, me llevé una camiseta (y la información de que ya estaba escrita la segunda parte del relato).

José Luis: No estoy seguro de si alguna de mis experiencias en el Celsius servirá de base para algún libro. Tengo algunas ideas para un nuevo proyecto, pero en un estado muy embrionario. En todo caso, sí es cierto que uno sale del Celsius contagiado de entusiasmo por la literatura y de nuevas energías para volver a ponerse frente al teclado. Que no es poco.

Hay que decir que Avilés es una ciudad sobrada de atractivos. Las callejuelas de su casco viejo son dignas de un buen paseo para perderse. El edificio del Centro Niemeyer es cuanto menos pintoresco. Además, a la vez que el Celsius se celebra a lo largo de la ría el Festival de la Mar, en el que se puede subir a un buque-escuela portugués. Cualquiera que desee ambientar su cuento o novela en alta mar no debería dejar de acercarse y curiosear por sus camarotes. Quizá el año que viene esté ahí de nuevo.

José Luis Carrasco

¿Qué autor nacional o internacional os gustaría ver en futuras ediciones?

Agatha: Sería genial que repitiera el gran cuarteto de este año: Tim Powers, Brandon Sanderson, Patrick Rothfuss y Joe Abercrombie y que se animaran Neil Gaiman, Tad Williams, R.A Salvatore, Robin Hobb o repitiera George R.R. Martin, con quien se estrenó la primera edición del festival. Hay también muchos autores nacionales con los que espero encontrarme en próximas ediciones, como Concepción Perea, Emilio Bueso, quien también ha sido uno de los protagonistas de este año, Victoria Álvarez, Carolina Lozano o Jesús Cañadas, por nombrar a algunos. La lista es muy larga. Hay mucho talento en nuestro país.

José Luis: Yo pediría la asistencia de las grandes glorias del cyberpunk: Neal Stephenson, Bruce Gilbert o William Gibson. Este género literario me produjo una fuerte impresión cuando lo descubrí de niño. Aunque ya no se practique mucho, su estética ha influido en otras artes, y su visión de las relaciones entre sociedad y tecnología sigue siendo muy actual.

Del panorama español me gustaría ver a Joan Manuel Gisbert. Su obra El misterio de la isla de Tökland fue de lo primero que leí por un autor nacional, y lo he releído más de una vez, siempre con mucho gusto.

¿Cuál ha sido vuestro mayor descubrimiento en el festival en lo referente a autores, novelas..? ¿Os lleváis nuevas lecturas bajo el brazo? ¿Algo que nos recomendéis?

Agatha: No podría nombrarte a nadie en concreto. Me llevé dos bolsas de mano de viaje vacías que han vuelto llenas de libros firmados por sus autores. Para aquellos a los que nos gusta leer y disfrutamos comprando libros, el festival de Avilés ha sido como estar en el paraíso. He vuelto con una muy buena impresión de todos los autores que han presentado sus obras.

A quien todavía no he leído, pero de quien ya tengo todos sus libros firmados en la estantería, es a Joe Abercrombie. Me encantó su presentación, magistralmente interpretada por Patrick Rothfuss. Y a quien, sin duda alguna, os recomiendo es a Brandon Sanderson, un verdadero genio de la literatura fantástica actual.

José Luis: He comprado los últimos libros de autores que ya conocía, como Jeffrey Brown o José Antonio Cotrina, muy recomendables ambos. Tengo que mencionar aquí a los responsables de los puestos de Noveno Arte y Bosque Mitago, que cada año atienden al público con grandísima simpatía. Siempre que vuelvo al Celsius busco sus puestos para hablar con ellos.

También he tenido la suerte de encontrar algo nuevo: una editorial de Gijón llamada Satori, dedicada a la gran aventura de traducir y difundir en nuestro país la literatura japonesa. Abarcan autores desde la Edad Media y se dedican a la ficción y al ensayo. Tienen de todo: aventuras, samuráis, poesía, cuentos fantásticos, mitología… Me costó un buen rato escoger solo dos libros que comprar, pero creo que cualquiera de su catálogo hubiera sido una buena elección.

Alfas y Omegas, la noche más larga de Malaquías Baviera


Mariela González (@Scullywen)

Hay ciertos espacios que, sin tener a priori nada de irreales, nos resultan tan ajenos y lejanos como cualquier paraje de fantasía, como una Camelot o una exuberante Shangri-la. Es el caso para nosotros de esas congregaciones universitarias, las fraternidades, que conocemos gracias al cine o a la televisión. Podemos citar sin tener que pensar mucho términos asociados a ellas, tal vez hasta describirlas haciendo uso de esos lugares comunes que nos han enseñado mil y una veces… ¿Pero entendemos realmente qué se cuece en ellas? ¿Qué hay tras sus paredes, cómo se mueve la vida en su interior?


No, no balbuceéis, no tratéis de salir por la tangente. Las fraternidades son esos lugares vedados todavía a nuestro entendimiento, a menos que hayamos pasado tiempo en una universidad americana y las conozcamos de primera mano. Así que el universo de Alfas y Omegas, pese a contener objetos y personas “reales”, nos resulta insondable, tan desconocido como si realmente nos estuviéramos adentrando en el espacio exterior. Tan desconocido como al protagonista de la novela, Malaquías Baviera. Un joven que, como nosotros, procede de otro mundo, que se tiene que integrar a la fuerza en un entorno muy distinto al suyo. Porque, sí, Malaquías es un empollón. El tipo de aspecto descuidado que se suele llevar collejas cuando pasa junto a algún grupo de “triunfadores”… y el único que puede echar una mano a su amigo Oscar con las pesquisas que quiere llevar a cabo en la fraternidad Omega Pi Tau. No le queda más remedio, por tanto, que zambullirse en una fiesta en la que encontrará misterios mucho más fascinantes de lo que hubiera podido imaginar.


Alfas y Omegas se nos presenta como una divertida novela detectivesca, con los elementos bien dispuestos sobre la mesa. Cualquier investigador que se precie debe ser un tipo peculiar, y Malaquías cumple con esta premisa a la perfección: no sólo es el rara avis del lugar debido a su procedencia mejicana, sino que además es un estudiante de Física analítico y sagaz, capaz de descomponer el mundo que le rodea en base a jugadas de ajedrez. Que parezca, a simple vista, un nerd clásico no significa que sea un tipo apocado; antes bien, su afilada lengua salta rápida como una serpiente a por su presa dialéctica, sin dejar títere con cabeza. Peculiar es también su amistad con Oscar, un conocido entrenador de fútbol en el campus, de gran corazón aunque capacidades asertivas mucho menores. Oscar pide a Malaquías que le acompañe a la fiesta de la fraternidad para que investigue, con toda la sutileza y discreción de que sea capaz, a Bones David, un jugador al que espera fichar para su equipo. El proverbial mal ojo de Oscar para los fichajes hasta la fecha, que le ha hecho elegir a jugadores que se han lesionado a la primera de cambio, le hace querer andar con pies de plomo y confiar en el buen criterio de su amigo: quiere que sea Malaquías quien le diga si Bones va camino de ser una estrella u otro juguete roto.

Es una premisa extraña, como extraña es la amistad entre dos personas tan diferentes. Y pronto nos daremos cuenta de que ese microcosmos que se desarrolla entre las paredes de la fraternidad está plagado de personajes secundarios todavía más peculiares. En torno a Malaquías empezarán a pivotar animadoras tan superficiales en apariencia como maternales; aprendizas de bruja de andar por casa, femme fatales, administrativos sumisos que aspiran a ganarse reconocimiento, líderes de hermandad con debilidad por lo esotérico… Aunque nada será lo que parece en ese peculiar baile de máscaras; una capa se irá revelando bajo otra, y Malaquías, en medio de todo, estimuladas su hiperactividad y su ansia por descubrir la verdad, se verá inmerso en varios misterios a la vez, que tendrá que sostener en equilibrio como si de un experimentado camarero se tratase.

Lo que en un principio parecía una maraña de voces y caracteres se va desenredando poco a poco. Los hilos adquieren independencia, se separan, y los personajes se mueven y respiran con carisma propio gracias a un hábil José Luis Carrasco a la batuta. Si complicado resulta hilar fino en una novela de detectives (no olvidemos que todos nos convertimos en investigadores al leerla, y es importante que no quede ningún cabo suelto del que podamos tirar y desmontar todo el tinglado), digno de elogio es además dar aliento a tantos personajes distintos, cada uno con su forma de hablar y sus características, y conseguir que interactúen entre sí, que se nos muestren vivos. Por supuesto, hay una pequeña “trampa”, y es la figura omnisciente de Malaquías como hilo conductor, capaz de estar aquí y allá; de llegar en el momento preciso para escuchar la conversación que interesa o de tener la idea genial justo cuando hace falta. Pero incluso a una figura avispada como la suya le sucederán eventos imprevistos y le surgirán enemigos de los lugares más insospechados.

Alfas y Omegas funciona con la premisa del “más difícil todavía”. Sin vergüenza, con total orgullo, bebe de la amplia fuente de la subcultura presentándonos un ecosistema en el que el pulp, la ciencia imposible, los misterios paranormales y los juegos de rol coexisten como algo totalmente normal, no como elementos externos que se introducen para provocar un extrañamiento. Es esa naturalidad con que va creciendo la novela, desenvolviéndose frente a nosotros en un diálogo espontáneo, lo que la dota de un dinamismo y un carisma sorprendente. A pesar de los detalles a veces surrealistas, no se advierte artificio, no se desmorona el atrezo. No podemos hablar mucho del argumento sin desvelar el gran giro que nos conducirá al final, pero os adelantamos que es un auténtico salto mortal en el aire por parte de la novela. Y José Luis Carrasco sabe cómo caer de pie.

En un terreno en el que es fácil caer en los tópicos, Alfas y Omegas se alza y nos lleva por un viaje realmente refrescante, en ascensión real y simbólica hasta un crescendo inesperado donde parodia y homenaje se dan la mano en perfecto equilibrio. Sin duda, una noche interminable para el bueno de Malaquías, aunque no tanto para nosotros, que devoramos la novela y nos quedamos con ganas de más.

Si queréis descargar un avance de la novela, podéis hacerlo desde aquí. ¿Y qué mejor que ceder la palabra a su autor para que nos desvele algo más?

Entrevista con José Luis Carrasco:

“Siempre sospecho de todo lo que se ajuste con demasiado rigor a estándares estrictos, porque la vida, simplemente, no funciona así.”

Jose Luis CarrascoNo vamos a comenzar con esa odiosa pregunta, “¿de dónde sacaste la idea?”. Pero vamos a maquillarla un poco, porque lo primero que llama la atención de Alfas y Omegas es sin duda su ambientación. ¿Por qué el mundillo de las fraternidades universitarias, tan lejano a nosotros (en teoría)? ¿Hubo alguna inspiración directa para la historia o los personajes, quizás de alguna película o serie teen norteamericana?

El proceso de generación de las ideas es un misterio para mí, y muchas veces creo que en el cóctel de un impulso creador se suma todo a la vez: los gustos, las preferencias, los deseos e incluso elementos subconscientes que rara vez percibimos. La idea, en su origen, era abordar una época de tránsito en la vida fundamental: la de los primeros veinte años, cuando finalizamos nuestros estudios e ingresamos en la sociedad como elementos activos. Se ha escrito mucho sobre otras edades de iniciación, como la infancia o la adolescencia, pero creo que no tanto acerca de esta. Para mí es una época llena de grandes revelaciones e incertidumbres.

Cuando uno se matricula en la universidad, no es ni un niño ni un adulto, sino un joven que conserva aún parte de su inocencia. La Universidad ejerce una función “civilizadora”: ofrece una gran cantidad de conocimientos y de libertad para asumir el propio camino. Pero tras cruzar el umbral uno ve que florecen también asociaciones, grupos y consejos de docentes y de alumnos que condicionan el devenir de los alumnos. En los departamentos, por ejemplo, se mantienen líneas ideológicas que condicionan qué tesis y estudios se deben realizar bajo sus auspicios. Entran en juego decisiones políticas, líneas de separación, diferencias de clase. Esto representa a pequeña escala el mundo parcelado con que uno se va a topar en la vida adulta.

Las fraternidades, como antesala del paso definitivo a esa etapa, pertenecen a esas instituciones jerárquicas que sirven para diferenciarse, para crear sociedades aisladas. Modelan un sentido de tribu, de élite. Malaquías Baviera proviene de una familia mexicana, de clase baja, y, como Groucho Marx, nunca entraría en un club de ese estilo ni aunque le invitaran. Mi propósito era mostrar la mayor oposición entre ambos mundos.

Aparte de su significado social, para la historia ayudaba la existencia de un grupo de estas características, cerrado y un poco secretista, empeñado en no airear demasiado sus trapos sucios. Es verdad que no hay alternativa parecida en España, pero como decía antes, sí que existen colectivos similares. Ignoro si este plan llegó antes que el deseo de escribir una novela criminal o fantástica, o si ambas apetencias se reforzaron mutuamente.

En cuanto a inspiración, la película Animal House y su humor loco y entrañable me vino a la cabeza a menudo mientras escribía.

El héroe-detective de la historia, Malaquías Baviera, es sin duda bastante peculiar. Se nos presenta en un primer momento como un nerd clásico, intimidado ante la posibilidad de tener que mezclarse en una fiesta llena de sus “enemigos naturales”, los deportistas. Pero lo vemos adaptarse enseguida, mezclarse como pez en el agua y ser capaz de utilizar el afilado dardo de su palabra para derribar a los demás en sus conversaciones. Al final de la novela conocemos sus filias y fobias, sus rarezas entrañables… e incluso algo de su futuro. ¿Tienes pensado darle continuidad, presentarlo en nuevas historias?

Los detectives tradicionales, como Sherlock Holmes o Sam Spade, son de una pieza. Terminan los libros igual que como los inician. Ahora ya no se estila tanto, pero aún así algunos personajes de novela negra siguen pareciendo algo hieráticos para mi gusto. A mí me apetecía más un investigador apocado, que evolucionara según avanza sus pesquisas. Al principio la timidez supera a Malaquías, pero nuestro investigador es inteligente, y con la inteligencia se puede conseguir todo. Confieso que Alfas y Omegas es para mí tanto una novela de intriga fantástica como el proceso de madurez y descubrimiento de un héroe en potencia. En ese sentido, me gusta pensar que Malaquías experimenta un ideal de forja casi caballeresco.

Antes de Alfas y Omegas ya publiqué un relato breve protagonizado por él. Se titula “El alma de la fiesta” y lo editó en papel la revista mallorquina “La bolsa de pipas”. En él se presenta a un Malaquías en torno a los cuarenta años, más seguro de sí mismo y libre de prejuicios, un poco más gamberro también, encerrado contra su voluntad en un bar norteamericano. Es un texto muy breve, apenas un homenaje literario a Thomas Pynchon. Por pura casualidad, el relato también sucede en una fiesta.

Tengo algunas ideas nuevas para él, pero lo fundamental cuando escribo es no repetirme, así que probablemente meditaré mucho qué hacer con él. No más fiestas, por tanto.

También he terminado un cuento con un secundario de Alfas y Omegas como protagonista, y si los editores de Carlinga lo tienen a bien, saldrá a disposición de los lectores en algún momento.

El entramado de personajes que puebla la novela es para quitarse el sombrero. Háblanos un poco de cómo encaraste el trabajo, que se antoja titánico, de hilar semejante tapiz sin que quedasen cabos sueltos. ¿Utilizaste alguna herramienta especial para organizar la constelación de relaciones, tiraste de libreta, de post-its? ¿Tienen los personajes secundarios fundamento o inspiración en personas reales? (¡sin spoilers!)

Me gusta recurrir a libretas para las notas, y abandonar un poco el “tedio del teclado”, por parafrasear a Robert Walser, pero sobre todo utilizo un software para escritores y guionistas, muy recomendable, llamado Scrivener. Trae numerosas herramientas para organizar el texto, los personajes, las notas, y otras opciones como estadísticas del proyecto. Gracias a él redacté una lista de personajes con sus particularidades, y anoté en qué escenas de la historia debían entrar en acción. Aún así, no hay mejor remedio para tenerlo todo atado que leer la historia muchas veces, y que otras personajes tengan la gentileza de leerla también, y descubrir esas pequeñas lagunas que en tu mejor día se escaparon de tu microscopio.

Los personajes secundarios funcionan en esta novela como engranajes para que avance la trama. Por tanto están creados ex profeso, a medida. Incluso eliminé dos de ellos por superfluos. No cabía demasiado espacio para basarme en personas reales porque necesitaba que cada uno cumpliera su rol específico. Lógicamente esto no excluye el que tratara de darles un sabor propio. Me preocupé de que cada uno respirara con independencia porque además cada uno debía representar un aspecto del variado microcosmos de la mansión.

Se advierten numerosas influencias en Alfas y Omegas: desde el pulp hasta la novela detectivesca clásica (no falta la “escena del salón”), pasando por los juegos de rol, y me atrevería a decir que las aventuras gráficas (menudo Maniac Mansion que está montado en esa fraternidad). Si tuvieras que elegir un medio distinto del literario para ver tu obra adaptada, ¿cuál sería? ¿Cómic, juego, cine..?

Tus observaciones han dado en el clavo. Esta es una novela que proviene y que representa, bajo mi punto de vista, la postmodernidad que nos toca vivir. Por eso se nota la sombra de los videojuegos, como muy bien has visto en esa referencia a Maniac Mansion, a la novela pulp y los juegos de rol, sobre todo los más irreverentes, como el Paranoia de Steve Jackson.

Yo además añadiría la literatura imaginativa de Alfred Jarry, la mezcla de estilos de Tim Powers, la sátira científica de Karel Kapek y los hermanos Strugatsky, las obras de fantasía y policiacas de Eduardo Mendoza, además del ya citado Pynchon, al que admiro mucho.

A pesar de ello, no estoy seguro de que una adaptación funcionara. Creo que el estilo de mi obra se ajusta muy poco a representaciones no literarias. En todo caso me has pedido que elija, así que vamos a jugar: yo me inclinaría por una película dirigida por Gonzalo Suárez. Sólo este magnífico realizador asturiano, que además anda sobrado de obras fantásticas y de serie negra, podría imprimir a una obra el estilo de tierna extravagancia que he querido darle a Alfas y Omegas. Se da la casualidad de que Suárez ejerce también de periodista y escritor, y entiende como muy pocos la labor de adaptación literaria al cine. Si él hiciera algo con el humor de Aoom y la profundidad de Remando al viento, sentiría que me ha tocado la lotería.

Como segunda opción, no rechazaría un videojuego realizado por Ron Gilbert, el padre del Secret of Monkey Island, pero me temo que ahora los videojuegos siguen una tendencia muy diferente a la que yo conocí cuando jugaba a ellos.

Ya hemos hablado de Malaquías, de los personajes… ahora toca que nos cuentes algo de ti. Dices en tu página web que “tratas de escribir 500 palabras al día”; no puedo evitar recordar lo que recomendaba Ray Bradbury, escribir como ejercicio al menos un relato al día. ¿Cómo es tu rutina como escritor? ¿Cuándo comenzaste en el mundillo, qué te movió a hacerlo? Y un poco de promoción adicional, que nunca viene mal: ¿cuál o cuáles de entre tus relatos (que vemos que publicas habitualmente en revistas como Próxima) nos recomendarías leer para conocerte un poco más como creador?

Trato de escribir a diario, sí. A menudo pienso que no lo suficiente, aunque también resulta saludable quedarse con ganas de continuar otro día. Es aconsejable hacerlo, aunque no te sientas muy inspirado un día y escuches cantos de sirena de muchas otras cosas para pasar el rato. Nunca se sabe cuándo puede surgir una buena frase. Por otro lado, me siento escritor incluso cuando no escribo, y creo que al leer también realizo un trabajo de escritura.

Una parte del trabajo de un autor es leer mucho, y tengo la fortuna de disponer de tiempo para enterrar mi nariz en un libro cada día. En otra época devoraba toda la literatura fantástica y de ciencia ficción que caía en mis manos. Ahora me dedico a los clásicos: Platón, Sófocles, Virgilio, Shakespeare, Cervantes, Milton, Gérard de Nerval o Jane Austen. Los clásicos son muy gratos de leer y te acompañan y te enseñan cosas nuevas cuando vuelves a ellos.

Has mencionado a Bradbury. Otro de los consejos de este fantástico autor era leer poesía, pues activa músculos creativos del cerebro que ningún otro género consigue. He leído bastante a Whitman, a Paul Valery, a Keats, a Lord Tennyson o a William Blake, y corroboro lo que dice Bradbury. Emily Dickinson no tiene parangón con ningún otro estilo, género de obra o autor de este mundo. Es muy difícil alejarte de la poesía una vez entras en ella, casi tanto como explicar el porqué de su importancia. Además, los poetas suelen ser la gente que mejor escribe en prosa, un efecto que no se da a la inversa. Pido disculpas al paciente lector por extenderme en este tema, pero no entiendo la literatura ni la vida sin leer.

Mi trayectoria literaria ha seguido un curso muy natural. Empecé a escribir de niño. Sin duda me lo inculcaron mis padres, que quizá sin darse cuenta ni obligarme a nada, predicaron con su ejemplo, porque me mostraron cómo vivir a través de la literatura. La respuesta más corta a qué me impulsó a escribir sería “porque me gusta y me lo paso bien”, y bastaría con ella. Como hay espacio para extenderme más, diré que se escribe como vía de conocimiento, de uno mismo, del mundo y de los otros. Y para aprender a organizar tu cabeza y convivir con el propio silencio cuando uno está solo. Una tercera razón es que se escribe para devolver a tus autores favoritos todo lo que te dieron. Mantienes así un fructífero diálogo con fantasmas.

Publiqué mis primeros relatos en revistas de ciencia ficción. Me animó a ello haber ganado un certamen, y la posibilidad de acceso a revistas digitales de todo el mundo gracias a internet. Si no hubieran existido estos dos factores hubiera escrito igual, pero el hecho de que ambos conlleven exigencias de estilo, formato y sobre todo, de plazos, me animó a comportarme como un profesional aunque no lo fuera. Me volví metódico y disciplinado, y de pronto me vi con un buen número de relatos en el cajón y con la capacidad de escribir una novela como Alfas y Omegas.

Me siento muy satisfecho de mi relato publicado en Próxima. Sólo se puede definir como un acto valiente, o romántico, lo de resistir con el formato papel, y Laura, su responsable, es una editora sensacional y llena de energía.

Recomendaría probar con mis cuentos de Futuroscopias. Me parece la mejor revista española de este género, muy bellamente diseñada. Creo que en ellos alcancé la madurez como autor. Ricardo, su editor, vive su trabajo con total dedicación y exigencia, y procura sacar lo mejor de cada persona que pasa por Futuroscopias.

Alfas y Omegas no es la única de tus obras en las que vemos crossovers originales. No hay más que echar un vistazo a la sinopsis de tus historias para advertir lo mucho que te gustan las ucronías, colocar a personajes improbables en lugares imposibles. ¿Con qué te gustaría experimentar en un futuro en esta línea? ¿Quizás con alguna temática nueva, algún tour de force arriesgado?

Tienes razón en que me gustan los crossovers, o más bien que me cuesta encasillar mis relatos en compartimentos estancos. Siempre sospecho de todo lo que se ajuste con demasiado rigor a estándares estrictos, porque la vida, simplemente, no funciona así.

Me gustaría profundizar en formas distintas de abordar el mito y la fantasía. Más líricas, quizá. Por otro lado, la preocupante situación de nuestra sociedad me apremia a escribir con urgencia, a recoger algún testimonio acerca de ello, de una manera más documental. Si pudiera combinar ambas cosas sin que nada chirriara, habría conseguido el tour de force al que aludes. Sea lo que sea tardará en llegar, porque como comentaba antes, intento no repetirme y eso implica pensar mucho lo que se hace.

Un placer, José Luis, y gracias por invitarnos a este rincón de tu mente.

Gracias a ti, Mariela, por haber leído la novela con tanta atención y por tus buenas preguntas.

Lo Frágil: Capítulo Cero

Hoy os presentamos un relato de Álvaro Aparicio ambientado en su primera novel, Lo Frágil. Para que podáis ir abriendo boca. ¡Disfrutadlo!

Ineptitud social virtualmente metabolizada

por Álvaro Aparicio

El mago lanzaba misiles arcanos como el que reparte cartas en una timba. Movía las manos por inercia, con andar desganado, seleccionando sus blancos bajo una arbitraria proximidad. La Ciudad Muerta, torres siniestras y fachadas ruinosas, se alzaba a su alrededor como un confortable estereotipo cosmogónico inevitable en cualquier cita donde lo fantástico se dé la mano con los conceptos creativos de una fábrica de cajas. En interés decreciente podían situarse luego las Alcantarillas y el Sótano de las Ratas.


Vértigo: Estoy hasta las narices de esto, ¿eh?

Su compañero, el guardabosque, bajó el arco, pero lo levantó rápidamente cuando avistó a un orco en taparrabos manifestando su habitual interpretación de la estrategia al atacar de frente con las manos desnudas. Efectuado el disparo con procedimental satisfacción, volvió a bajarlo para dirigirse a su compañero.

Jázaro: Creía que este nivel de sinsentido bastaba para mantener a raya tus impulsos autodestructivos.

El mago dejó de lanzar misiles. La pérdida de calor produjo un siseo proveniente de sus manos, que recuperaron su tonalidad natural. Bajó la cabeza, hundiendo su rostro en la sombra de la capucha.

Vértigo: Creo que estoy sufriendo un episodio metamórfico intrapersonal.

El guardabosque, oliéndose el percal y haciéndose el indiferente, se acuclilló para despojar a un orco gigantesco con la espalda erizada de flechas. Lo que extrajo no parecía de importancia.

Vértigo: Me siento hueco, tío. Tengo una carencia abrumadora de sensaciones reales.

Jázaro: Eso podría resumirse  en salir más de tu cuarto y en ducharte para que la gente se anime a entrar en él.

El mago cayó de rodillas con las manos abiertas sobre los adoquines de la calle.

Vértigo: ¿Qué propósito tiene este holocausto orco? ¡Nada tiene sentido!

Jázaro: Y cómo vas a enterarte de nada si nunca lees de qué van las misiones.

Vértigo: Pero que somos monstruos, ¿no lo ves? Hemos venido a acribillar simulaciones de vida con el único fin de recibir unas monedas de oro. ¿En qué nos convierte eso? ¡Imagínate que los orcos fueran reales! ¡Imagínate que en vez de orcos fueran jubilados!

Instantes después sonó el teléfono en casa del mago.


–¿Se puede saber qué pasa contigo? –le preguntó el guardabosque al otro lado de la línea–. Levántate, atrofia humana, que no me quiero acostar a las tres de la madrugada. Mañana tengo exámenes.

–No –respondió el otro, cortando de golpe.

Vértigo: Las cosas que ocurren aquí se quedan aquí. No vuelvas a tirar abajo la cuarta pared.

Una viejecilla se asomó por el hueco de la puerta de la habitación del mago.

–¿Quién ha llamado? –preguntó.

–Jesucristo, ¿te lo presento?

–Descuida –suspiró, marchándose pasillo abajo con un arrastrar de pantuflas.

Jázaro: De todo lo que tengo y por todo lo que haces, eres lo más parecido a un hijo tonto. Si te pones en plan misterioso, piro al sobre.

El mago se dejó caer al suelo, desmadejado. Estiró una mano para lanzar un misil arcano a un orco errático que entraba en su campo de visión.

Vértigo: Agonizo aquí y en mi cuarto. Mago triste y en el paro. Si añado tu frialdad a mi soltería, no sé lo que duraré en esta realidad que me quiere tan poquito.

El guardabosque se acuclilló a su lado con aire compasivo.

Jázaro: Es la crisis de los treinta, tío. Pasará pronto.

Vértigo: ¿Sabes lo chungo que es despertarte y pensar que todo lo que te hacía feliz se ha reducido a una pantalla? Yo antes no era así.

Jázaro: Tú siempre fuiste así.

El mago alzó una mano como queriendo tocar el cielo.

Vértigo: Yo era un crío vital. Escuchaba Manowar hasta para ir al váter. Mi vida era música y potencia. Tenía la mente llena de chicha épica; formaba parte de mi sistema nervioso. Hasta cuando cogía la taza para hacerme un colacao me dejaba llevar por los ritmos guerreros. Y cuando leía tumbado en la cama… Joder, tío, La Espada de Joram. Cuántos recuerdos. Qué Crimen y Castigo ni qué hostias. La Espada de Joram lo peta, Jázaro.

Jázaro: Sí, tío, La Espada de Joram. Que le den a Dostoievski.

Vértigo: ¿Puede haber una década con menos identidad que ésta? Basura de nuevo milenio. Antes bajabas a la calle ¡y hala!, todo lleno de cibercafés. La muchachada a viciar. Debates en plan: templario contra samurái; y de rebote te coscabas que el acero japonés era una birria y que en Europa habían artes marciales y esas cosas… Molaba. Te fumabas unos canutillos con la peña y luego a competir con los ratones a ver quién era el verdadero lomo plateado del lugar. Otro mundo… Y mírame ahora, hablando con gente que está en el quinto pino para rellenar mis vacíos sociales.

Jázaro: Vivo en la finca de al lado, tío. Compartimos patio de luces.

Vértigo: Tú no cuentas… Hablo de otra cosa, de nuevas experiencias. Todo ha cambiado; yo también. Hasta este juego ha cambiado. Soy tan poderoso que no siento ninguna satisfacción en aliviar tensiones con estos orcos retrasados. ¿Arrasar por arrasar? ¡Estoy tan necesitado de un guión que me creo mis propias historias!

Jázaro: Eres poderoso porque estás enfermo. Se supone que el juego merma tus facultades sociales, pero al no tenerlas en absoluto es normal que seas el puto amo.

Vértigo: Es un círculo vicioso, tío. Un vicio reduccionista. Todo ha cambiado… ¿Dónde estoy ahora?

El guardabosque se puso de pie, derrotado por el ánimo sombrío de su compañero.

Jázaro: No todo ha cambiado, realmente.

Vértigo: ¿A qué te refieres?

Jázaro: Bueno, sigues siendo virgen, por ejemplo.

–¿Ha vuelto a sonar el teléfono? –interrogó de sopetón la viejecilla desde el umbral del cuarto–. Tengo el volumen del audífono tan alto que cuando me escucho los pensamientos parece que me esté gritando.

–Que te pires, abuela.

–Me tiene loquísima este audífono –comentó, absorta en los sonidos ambientales–. Por cierto, encontré un bocadillo en uno de tus abrigos. ¿Lo tiro o te lo vas a comer?

–Estamos en verano, abuela. Úsalo para nivelar la lavadora.

Jázaro: Quizá debas contemplar lo de las redes sociales. A lo mejor ligabas… Sólo tendrías que evitar subir fotos de tu cara.

El mago se levantó espolsándose el polvo de las mangas. Ambos reanudaron la marcha.

Vértigo: Creo que antes de realizar el sacrificio de zambullirme en ese océano de mediocridad, deberías plantearte cuáles son tus obligaciones como amigo.

Jázaro: No voy a prestarte a mi novia, tío. Ya te dije que le das asco.

Vértigo: Eso se soluciona con un poco de desodorante.

Jázaro: Sabes que no. Además, yo no meto nada donde tú hayas metido antes.

Una plétora de misiles arcanos alcanzó la cara del contemplativo capitán ogro al final de la calle. Impactaron como una sucesión de bofetadas.

Vértigo: ¿Crees que alguna vez podré revertir mi situación?

Se hizo un profundo silencio de reflexión.

Jázaro: ¿Recuerdas cuando me admitiste que eras ese tipo de persona que antes de cascársela se pregunta si lo estarán observando los espíritus de sus parientes muertos? Ese día perdí toda la fe en ti.

Dicho lo cual, una flecha surcó el aire hasta romperse contra la armadura monumental del capitán ogro. Aquel acorazado viviente, con una frente de medio milímetro y expresión cerril del que por su casa nunca ha pasado la diligencia, se preparó para cargar adelantando el hombro derecho. Medía dos pisos de alto y hacía falta una fórmula de extensión abundante para cuantificar la magnitud de su mala hostia.

Vértigo: Creo que me voy a apuntar a audiovisuales.

Jázaro: ¿Te centras ya, pesado de los huevos?

PortadaLoFragilwebSi te ha gustado y quieres más, aquí lo tienes.

Y no olvides dejar un comentario si alguna vez te has visto en semejante situación, jugando de rol online hasta altas horas de la noche.

Lo frágil, esquirlas virtuales

Mariela González (@Scullywen)

Demasiado a menudo se habla de la evasión y el escapismo con sentido peyorativo, torciendo el gesto, con un ingrediente de disculpa añadido de manera inconsciente si, además, estamos atribuyéndolos a nosotros mismos. Pero no podemos cerrar los ojos ante la necesidad de estas vías de escape, que nunca se han conseguido dinamitar y que hoy en día se hacen más perentorias si cabe. Necesitamos traspasar fronteras. Necesitamos tener un pie dentro y otro fuera, dejar que nuestra mente desconecte y divague; que cambien nuestras prioridades aunque sea durante un rato, enfundados en otras ropas y otras vidas. Lo realmente problemático, lo difícil, viene cuando las fronteras empiezan a difuminarse…

PortadaLoFragilwebEl punto de partida de la primera novela de Álvaro Aparicio, Lo frágil, se encuentra precisamente ahí, en esa línea divisoria quebradiza, que tan fácilmente se puede diluir sin que nos demos cuenta. Aunque no sólo frágiles son las fronteras, sino también los hilos que atan al mundo “real” a los personajes de la obra, cada uno desestructurado y descentrado a su manera. El nexo común entre casi todos ellos es Angelwatch, un mmorpg ficticio; un juego de rol online situado en un mundo persistente, para quienes no están familiarizados con el término. Una de esas realidades virtuales que sobrepasan el marco de código con que son creadas y se revelan como entes vivos, moldeables, que respiran y se mueven animadas por los códigos morales y de conducta de sus jugadores. Es perfectamente reconocible como un trasunto de World of Warcraft, por citar sólo el nombre más conocido, y es que Aparicio no es para nada un profano en la materia ni un “explorador” que se haya tenido que documentar de forma exhaustiva para recrear su mundo. Algo muy de agradecer, y que otorga a Lo frágil un cariz de credibilidad superior al de otras obras, es que su autor conozca de primera mano, por propia experiencia como jugador, la realidad que toma como referencia.

El protagonista es Asier, un chaval de dieciséis años hastiado de una vida que se reparte entre el instituto y un hogar que se resquebraja desde el primer momento en que lo vemos: el repentino azote del desempleo paterno comienza a hacer mella en esas fisuras, invisibles hasta entonces, que recorren un matrimonio ya agotado. Una hermana mayor de personalidad endeble que se ampara en un novio con más aire en la cabeza que materia gris, una madre absorta y egoísta, un padre que se debate entre la necesidad de exteriorizar su afecto y la obligación, tantas veces entendida como algo contrario, de mostrarse férreo y estoico. Todos huyen, a su manera, ya sea a través de la ensoñación o del propio espacio físico, pero nosotros seguiremos la trayectoria de Asier y su oasis particular en Angelwatch. Un mundo con sus propias reglas pero suficientemente reconocible en lo relativo a las relaciones humanas como para convertirse en sustituto de ese suelo firme y esos vínculos de amistad que no encuentra en ningún otro lugar. Cualquier jugador de un mmorpg reconocerá muchas de las actitudes, de las conversaciones, de las opiniones y dilemas que expresan los personajes de la novela: empezando por el propio Asier (o Zidéh, nombre que adopta su personaje), que no puede evitar contemplarlo todo desde la ingenuidad de su edad entremezclada con la angustiosa búsqueda de un asidero, y concluyendo con su cínico compañero Báfo, muy consciente de la obra de teatro en que participa y de las carencias personales que el juego colma, pero que en última instancia se resiste a romper esa campana de cristal con la que se protege su amigo contagiándole de su nihilismo. Entre ambos se sucede todo un escaparate de personalidades, egos, deseos sublimados y frustraciones desahogadas, traspasadas del mundo real al online en una confluencia entre personas reales y avatares en la que no nos será posible (ni necesario) distinguir dónde acaba una y comienza el otro.  Algo endémico y ya inseparable de nuestra existencia virtual, perfectamente plasmado en la novela con una estructura muy orgánica. La separación entre mundos no se plantea de manera brusca, no hay rupturas artificiales que separen la narración del mundo real y la del online; como no podía ser de otro modo, ambos oscilan como un péndulo, entrecruzándose y retroalimentándose, siendo imposible entender al uno sin el otro a lo largo de la novela.

Mientras que en el juego, Asier se esfuerza por convertirse en garante de los valores morales de su clan, Oneiros, en la vida real comienza a forzar cada vez más los límites de su ética, desde una perspectiva siempre lúcida. El autor no pierde el tiempo en ser complaciente, en justificar las acciones a ultranza para que “perdonemos” a su personaje: como lectores y desde nuestra perspectiva omnisciente, podemos entender qué clase de condicionantes fuerzan a Asier a llevar a cabo determinadas acciones, pero éste es bien consciente de lo inadecuadas que son y lo reprobables que resultan en el mundo real. No así dentro de Angelwatch, claro, en el que trabaja de manera incansable por perpetuar esos pilares de conducta que no sólo sustentan a su hermandad… sino también a él mismo. Los claroscuros éticos son una constante en Lo frágil: lo vemos en los personajes, en la obsesión megalómana por imponer su visión del mundo de algunos de ellos; en las propias tripas del juego, guiadas por la única meta de exprimir económicamente a los jugadores. Contradicciones y paradojas que a veces nos hacen reír por lo absurdas que parecen… pero que sabemos que es lo mismo que nos topamos en nuestro día a día, dentro y fuera de la pantalla.

Si hay que quedarse con un acierto de Lo frágil de entre los muchos que plantea, sin duda es ése: en nuestro mundo actual, en el que cualquiera hemos sido usuarios de alguna comunidad virtual, de un microcosmos online con sus reglas, no es nada habitual encontrar novelas que exploren esa realidad que no es ya de segunda categoría y además lo hagan con tanta credibilidad. Se trata de un universo tangible y relevante, que configura nuestras relaciones humanas más allá de lo que se desarrolla tras la pantalla, y que merece reflexiones cada vez más profundas (por suerte, el ámbito académico ha empezado a darse cuenta de esto, aunque no así tanto el cultural). Una realidad que ocupa incontables horas para muchas personas y cuya utilidad no puede demonizarse, pero tampoco convertirse en una válvula de escape a la desesperada. Desde sus páginas, Lo frágil nos propone una ventana excelente para contemplar ambas caras del espejo.

Lo frágil se encuentra disponible actualmente a través de Amazon.

Entrevista con Álvaro Aparicio:

“Escribir es callo, y lo importante es mantener viva la ilusión por crear y comunicar”

Alvaro AparicioHaznos una breve semblanza tuya como autor. No hay más que echar un vistazo a la novela para darnos cuenta de que eres un lector irredento, ¿pero cuándo te picó el gusanillo de pasar al otro lado y plasmar tus propias historias en papel?

Más que picarme, me atravesó el pecho cuál apéndice zerg. Sin embargo, pese a ser un apasionado por la literatura, considero que mi inicio en la lectura fue algo tardío, entre los trece y catorce años, a través de Silverberg, Bradbury, Farmer, Lovecraft y Tolkien, por mencionar unos pocos, siempre por iniciativa materna. El paso de la lectura a la escritura, en cambio, fue un proceso rápido y atropellado, mezcla de catarsis y anhelo por encontrar un lenguaje “domable” para desatar mis caprichos creativos. Aún recuerdo mi primer relato breve basado en la agonía de un caballero en un campo de batalla arrasado, al mejor estilo Kurosawa… No me cuestioné absolutamente ningún detalle en el proceso creativo, ni siquiera que utilizase una especie de neolengua troncada genealógicamente con lo que luego conoceríamos como “hoyganés”. Quería crear pequeños mundos compuestos por un momento; y luego, si se terciaba, vincularlos a un mismo universo. Había mucho afán esteticista, tanto así que lo demás, salvo el final, no me preocupaba en absoluto. Con el tiempo, sobre todo gracias a las críticas más encarnizadas, y también con el favor de los que te guían en la lectura arrojándote nombres de autores capaces de cambiar tu visión entera –Dostoievsky, Marechal, Bukowski, Cortázar–, fui paulatinamente preocupándome por todos los detalles que conforman una historia. Pero soy de los que opinan que no existe “evolución” como tal, sino madurez: feliz y dolorosa. Adquieres experiencia, y a veces pierdes un pelín de esa magia desacomplejada y arrebatadora más propia de un chaval; otras veces, te sorprendes con la capacidad de ensamblar situaciones con una meticulosidad, capa sobre capa, pincelada tras pincelada, más propia de un relojero, algo que contrasta fuertemente con mi “yo” de hace diez años, que se arrancaba sin apenas trazar una línea en alguna dirección. Escribir es callo, y lo importante es mantener viva la ilusión por crear y comunicar. Es lo único que sustenta el propósito de la literatura.

¿En qué géneros literarios te sientes más cómodo hasta ahora, y cuáles te gustaría explorar?

La literatura me captó porque soy creativo por definición. Antes de escribir, me tiraba madrugadas enteras creando niveles para Doom, por poner un ejemplo. Con esto quiero decir que no me considero un autor atado a ningún género: soy curioso, y como curioso que soy, los juguetes están para desmantelarlos. De hecho, considero que las grandes obras se caracterizan por emborronar la barrera del “género” y convertirse en un exponente de literatura universal, mezclándolo todo sin distinción. ¿Podría funcionar una trama romántica en pleno apocalipsis zombi? Podría. El reto es hacerlo bien. Sobre qué me gustaría explorar, creo que tarde o temprano acabaré tocando todos los extremos cual pelota de ping- pong.

¿Cómo te definirías, en tres palabras, como escritor?

Directo. Festivo. Multicapas. Buen amigo, mejor persona. El que avisa no es traidor. Van dos y se cae el del medio. Tengo problemas con la autoridad. ¿Eran 3?

La relación entre el mundo del videojuego y el de la literatura no parece demasiado trabajada todavía, no al menos de la manera simbiótica que planteas en tu novela. ¿Tienes alguna obra de referencia en este sentido, que trate esa dualidad entre mundos, esa confluencia de fronteras? Y más allá de la literatura, ¿alguna que quieras citar en cine, televisión…?

Lo frágil nació tras un intenso período de bloqueo. Quería escribir sobre algo que me inspirase bellos parajes, pero tuviera la suciedad del roce humano, contemporáneo. Una noche leí una noticia en la que unos rusos se liaban a tortas por culpa de un conflicto originado en un videojuego online. No recuerdo la fuente ni la noticia en sí misma, lo único que sé es que pensé: si está ocurriendo, ¿por qué no escribirlo? Además, estaba en pleno apogeo enfermizo en World of Warcraft. Si la frontera de la virtualidad, tan supuestamente blindada, acarrea disputas de esta índole a la realidad, ¿por qué no representarlo a mi manera? Soy consciente de que el engarce narrativo entre capítulos y mundos que presenta Lo frágil no es original en absoluto, sin embargo, a falta de una Wikipedia que me diga cómo se llama en verdad esta estructura, yo la he llamado: doble hélice. Es meterte en el código genético de la novela y ponerte a repartir machetazos para que las esquinas sean curvas y todo gire en una misma dirección. Que el hilo conductor de la historia avance de forma alterna y simultánea en la realidad y en la virtualidad, que las voces sean las mismas, pero las circunstancias presenten “esa” variable que hizo tan atractiva abordar su escritura en su día. Quizá Kundera sea mi principal referencia en cuanto a la forma de gestionar los capítulos. Breve, extenso. Da igual. A veces se tiende a respetar una proporcionalidad visual en detrimento de la calidad de la información, y eso acaba resintiendo la narrativa. Cuando leo a Martin haciendo malabares entre personajes que caminan y caminan y caminan y capítulos que no van a ninguna parte, me pregunto con qué disposición afrontará el hombre semejante reto. Yo si no tengo claro el destino y el propósito –siempre a nuevos rumbos, incluso dentro de una misma historia–, me desinflo antes de situarme sobre la línea de salida.

Es interesante la dicotomía que planteas al hablar de los mmorpg: por un lado los muestras como un refugio frente un mundo exterior que se desmorona, donde muchas personas sólo encuentran el vacío y el silencio; y por otro, como una caja de resonancia de vicios, defectos y soberbias. ¿Crees que se pueden encauzar hacia un término medio, de forma que cumplan una función social? ¿Te atreverías a darnos tu opinión crítica y decirnos hacia qué lado de la balanza crees que se inclina ahora mismo ese género?

La respuesta es difícil. Los MMO en general, por su propia naturaleza, originan conductas muy parecidas a las que provocaron los tamagotchis en su BOOM noventero. Dependencia, distracción, irritación… A pesar de conocer el online desde el mítico Última Online, lo cierto es que no me considero apto para definir el punto intermedio. De hecho, diría que no hay beneficio ninguno en los MMO. ¿La Coca Cola es buena? Vamos a dejarlo en que no es mala en grandes cantidades, como no lo es nada que no se transforme en un vicio absurdo. El gran problema de los MMO, sin embargo, estriba no ya en los juegos en sí –de aparente inocencia–, sino en la fauna que busca como cangrejos ermitaños crear un “espacio de poder” donde conseguir ser lo que no son. Y esto es así, porque incluso sin necesidad de MMO, te das un garbeo por cualquier foro un poco turbio y puedes cruzarte con opiniones cavernarias y demenciales dichas con el único objetivo de provocar. Trasládalo a las relaciones de un videojuego online y ya tienes el lío montado.

Mientras uno tenga claro que lo que hace es un entretenimiento, que la interacción es edificante, pero allá afuera también hay un mundo, y que el abandono de las responsabilidades (y percatarse de ello) es un indicativo de que hay que bajar un par de marchas, se tendrá el gobierno de lo que se hace. En el momento que la procrastinación –¡presente!– y la frivolización absoluta de todo lo que hacemos se convierten en norma, mal.

Sobre el género en sí mismo, diría que los desarrolladores son conscientes de este factor y de que el público ha madurado, adquirido responsabilidades, y no tiene tiempo para acumular 40 cristales abisales y pagar el billete a Naxxramas. Se “casualizan”, como suele decirse. Al menos por la parte que me toca, no me afecta; después de World of Warcraft no está entre mis planes inmediatos tocar otro MMO. Y cuando me afectó, lo percibí como un cambio coherente con lo que pedía el gran público. En cualquier caso, las diferencias entre el jugador acérrimo y el jugador casual seguían ahí. El verdadero problema viene cuando las distancias se acortan a golpe de billete. Pero también hay modelos F2P muy solventes… Vamos a dejarlo en que cada MMO es un mundo, y que ni siquiera el hecho de ser una gran franquicia como Star Wars y tener a Bioware detrás te salva de pegarte la hostia del siglo.

¿Hay algo de biográfico, de experiencias personales en la novela? ¿La recreación de tus personajes parte de tu conocimiento del mundo del videojuego en exclusiva o quizás de personas reales con las que te has topado, ya sea en la vida real o como jugador?

La novela está jaspeada de experiencias personales. De hecho, por A o por B, todos los personajes tienen su origen en la población de los servidores que alojaron “mi segunda vida” en World of Warcraft. No quiero entrar mucho en detalles, más que nada porque no me apetece tener que comprarme guantes de látex y mascarillas en cantidades abundantes para abrir el correo, no vaya a ser que lo siguiente sea una nada graciosa sorpresa en forma de ántrax. La experiencia determinante, sin embargo, y por inconexo que pueda parecer, provino de mi primer contacto con The Elders Scrolls: Oblivion. Ahora es cuando una horda de integristas religiosos suelta que Morrowind es mejor. Vale, pero la primera vez que pillé un caballo para salir de la Ciudad Imperial, flipé; y eso fue lo que quise trasladar a nivel estético y sensorial al mundo fantástico de Lo frágil. Sensación de maravilla, de magnitud, de que todo está vivo. Obviamente, sólo es inspiración… Perturbadora inspiración, tanto así que la referencia musical con la que finaliza la novela está directamente relacionada con la impresionante obra de Jeremy Soule. Para que la adicción al juego estuviera justificada a nivel literario, tenía que convertirlo en algo arrebatadoramente bello. Creo que lo he conseguido, y no hubiera sido posible sin el chorreo de personajes y experiencias audiovisuales que pavimentaron mi concepción de un alma entre dos mundos. Una especie de triste caminante planar. No sé si he contestado tu pregunta, pero quiero que sepas que me caes bien.

Lo frágil es todo un crisol de referentes culturales… y subculturales: encontramos guiños a juegos de rol, de cartas, cine, televisión… ¿Te planteas centrar próximas obras en otros ámbitos del mundillo geek? Quizás podrías ahondar un poco en cierto grupo de jugadores de rol que aparece en la novela… y que parece para echarle de comer aparte.

Soy de culo inquieto, yendo y viniendo sobre proyectos abandonados que reciclo y reformo, o movido por nuevas inquietudes, como podría ser la visión de una España que no consigue salir de la crisis a quince años vista… No es ciencia ficción, pero se acercaría peligrosamente al terror. Los temas geek me sobrevuelan de forma similar. De hecho, tengo en la bruma de las ideas variables el novelizar el Kickstarter de un estudio de desarrollo de videojuegos independientes. La proyección, el paso a paso, la gestión, los escollos técnicos, los dilemas creativos… La formación del juego con las encrucijadas personales de los implicados de por medio. También me planteé poco después de finalizar la escritura de Lo frágil, y tras el resurgimiento de los e-sports, hablar sobre la “vida y obra” de un jugador profesional… El grupo de frikis roleros que aparece en la novela, aviso, fue un arrebato de espontaneidad. No sé si me vería capacitado para sostener en el tiempo semejante delirio. Pero sería fantástico. Desde luego, es el tipo de detalle que me encanta introducir en mis novelas.