Expediente X, misterios sobre el papel

Todo el que no haya vivido bajo tierra en los últimos meses se ha enterado ya de que Expediente X, The X-Files, la emblemática serie que nos dividió en creyentes y escépticos, prepara su regreso. Será una miniserie de seis capítulos, y ya se ha subido al barco una buena parte del elenco original, tanto en el lado de los actores como de los guionistas. Al margen de las innumerables opiniones a favor y en contra, la noticia ha dado pie a rescatar las múltiples virtudes de la serie, todo aquello que la convirtió en un paradigma televisivo. The X-Files marcó época y fue pionera en muchos aspectos, incluso más allá del audiovisual: también fue una de las primeras series de televisión que se lanzó a probar fortuna en el mundo del papel.

A priori, la literatura parece un terreno bien abonado para una serie como The X-Files. Al fin y al cabo, su estructura procedimental y esa voluntad de provocarnos intranquilidad a través de lo sugerido, de los silencios, son características que comparte con el medio escrito: en la literatura de terror, lo que se evoca siempre tendrá un efecto más profundo en nuestra psique que lo que se describe con profusión. De hecho, grandes nombres del género escribieron guiones para la serie sin acusar en absoluto el cambio de formato: Stephen King fue el responsable del capítulo de la quinta temporada Chinga, una revisión de la historia de Muñeco Diabólico, y William Gibson participó en la misma temporada con Kill Switch, una historia en la línea ciberpunk más clásica. ¿Pero qué hay del paso inverso? ¿Cómo funcionaron las novelas de The X-Files?

En los noventa, la interrelación del mundo de la televisión con otros medios estaba todavía en ciernes, o al menos con todo aquello que implica el concepto transmedia que hoy nos inunda. Los primeros pasos para llevar The X-Files al papel fueron sobre seguro: adaptaciones de algunos de los capítulos de las dos primeras temporadas, en mayor o menor medida literales. Eran libros pensados para un público joven (de 10-12 años), enfocándose más como lectura para las escuelas que para saciar a los fan acérrimos. Algunos de los autores que nos encontramos en la colección (Ellen Steiber, Les Martin) eran especialistas en adaptar series al papel: otras como Padres Forzosos (Full House) o Las aventuras del joven Indiana Jones pasaron por sus manos.

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La serie Young Adult de The X Files.

Estos fueron los títulos que abarcó esta primera colección, que dio comienzo en 1995, llamada Juvenile Series; seguro que los incondicionales de Mulder y Scully no tienen problema en reconocer todos los nombres.

  • X Marks the Spot, Les Martin, basada en el capítulo piloto
  • Darkness Falls, Les Martin
  • Tiger, Tiger!, Les Martin, basada en Fearful Symmetry
  • Squeeze, Ellen Steiber
  • Humbug, Les Martin
  • Shapes, Ellen Steiber
  • Fear, Les Martin, basada en Blood
  • Voltage, Easton Royce, basada en D.P.O.
  • E.B.E, Les Martin
  • Die Bug, Die!, Les Martin, basada en War of the Coprophages
  • Ghost in the Machine, Les Martin

Una segunda serie de novelas dependientes de la serie se dirigió a un público de mayor edad, aunque no todavía al mundo adulto: ese sector llamado young adult que tan buenos resultados está dando hoy en día, y que puede abarcar desde la ciencia ficción aventurera hasta la distopía heroica con romance complicado. En la serie Young Adult de The X- Files repitieron varios de los nombres antes mencionados y se sumaron otros como Eric Elfman, también veterano del género, el ganador de premios Hugo y Nébula Terry Bisson… y, ojo, nada menos que Rob Thomas, el posterior creador de la serie Veronica Mars, quien escribió tres novelas con el seudónimo de Everett Owens.

  • The Calusari, Garth Nix
  • Eve, Ellen Steiber
  • Bad Sign, Easton Royce
  • Our Town, Eric Elfman
  • Empathy, Ellen Steiber, basado en Oubliette
  • Fresh Bones, Les Martin
  • Control by Everett Owens, basado en Pusher
  • The Host, Les Martin
  • Hungry Ghosts, Ellen Steiber, basado en Hell Money
  • Dark Matter, Easton Royce, basado en Soft Light
  • Howlers, Everett Owens, basado en Unruhe
  • Grotesque, Ellen Steiber
  • Regeneration, Everett Owens, basado en Leonard Betts
  • Quarantine, Les Martin, basado en F. Emasculata
  • Haunted, Ellen Steiber, basado en Shadows
  • Miracle Man, Terry Bisson

Es fácil advertir la diferencia y la evolución de una serie a otra tan sólo leyendo los títulos. Para la serie Young Adult, publicada entre 1997 y 2000, se escogieron capítulos mucho más inquietantes, poco adecuados para lectores más jóvenes, como pueden ser Our Town o The Calusari; otros con temática más seria, que tocaban temas un paso más allá de lo sobrenatural, como Hell Money y Fresh Bones, y algunos decididamente emblemáticos dentro de la mitología de la serie y bastante perturbadores, como Pusher o Leonard Betts. Hubo una tercera serie de adaptaciones de capítulos, mucho más breve, centrada en recopilar precisamente dos de los arcos clave (en tiempos de la segunda temporada) de la serie: Ascension, de Quentin Thomas, que trataba la trama de la abducción de Scully y su reaparición, y Hunter, de Charles L. Grant, adaptación de Colony y End Game.

Los fans tuvieron su momento cuando llegaron las novelas con historias propias, nunca vistas en la serie, en 1994. Se dio libertad a los autores para crear de la nada y ya aquí se sacó la artillería pesada, con Kevin J. Anderson a la cabeza de los implicados. Le acompañó, nuevamente, Charles L. Grant, autor de terror pródigo en novelas y seudónimos a lo largo de su vida, así como el menos conocido Ben Mezrich.

  • Goblins, Charles L. Grant
  • Whirlwind, Charles L. Grant
  • Ground Zero, Kevin J. Anderson
  • Ruins, Kevin J. Anderson
  • Antibodies,  Kevin J. Anderson
  • Skin, Ben Mezrich

Las dos películas de The X-Files tampoco se libraron de su correspondiente adaptación, una práctica habitual cuya pertinencia es más bien cuestionable. Dos autores diferentes se encargaron de tomar los guiones de Chris Carter y crear la respectiva novela: Elizabeth Hand fue responsable de Fight the Future, y Max Allan Collins (autor de Camino a la Perdición) de I Want to Believe.

En España fueron editadas doce de las novelas de la serie Young Adult por parte de la editorial Everest. Plaza y Janés se encargó de traer las novelas independientes.

La relación de The X-Files con el mundo del cómic, sin embargo, es mucho más notoria. A Mulder y Scully se les ve más en su salsa en este medio, y prueba de ello es que no sólo la serie ha producido iteraciones que se disfrutan por sí solas sin problema, sino que incluso ha encontrado nueva vida más allá de su final gracias a las viñetas.

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La primera serie en cómic apareció en 1995, de la mano de Stefan Petrucha como guionista y Charlie Adlard a los lápices (quien, algo más tarde, saltaría a la fama junto a Robert Kirkman en Los muertos vivientes). Se extendería hasta 1998, a lo largo de 41 números, hasta el cierre de la editorial (Topps Cómics). Además de estas historias, totalmente independientes y originales aunque vinculadas siempre, de algún modo, a acontecimientos de la serie, Topps también publicó adaptaciones de varios episodios de la primera temporada. En España la serie no tuvo demasiada suerte: Glénat sólo publicó 11 números antes de cancelarla debido a las bajas ventas.

En 2008, como parte de la estrategia de promoción de la segunda película, Wildstorm editó una nueva miniserie, esta vez compuesta de seis números. Se daba el lujo de contar con Frank Spotnitz como guionista; a pesar de su voluntad de servir de apoyo a I Want To Believe, la serie se adentraba en historias acaecidas a nuestros protagonistas durante su etapa inicial en el FBI. En nuestro país fue Panini quien se hizo con los derechos y editó toda la serie en un único volumen.

Hay que detenerse ahora en un rara avis, un crossover curioso pero que sin duda resulta muy natural una vez se piensa en ello: el de The X-Files con el cómic 30 Días de Oscuridad (2002), una serie de notable éxito de 2002 que conoció, además de innumerables continuaciones, una adaptación al cine. Mulder y Scully se ven arrastrados dentro de los extraños fenómenos de la historia en un cómic que se llamó, para qué complicarse la vida, The X-Files: 30 Days of Darkness (2010). El propio creador de 30 Días de Oscuridad, Steve Niles, fue quien se encargó de este trabajo, consiguiendo un resultado perfectamente orgánico.

The X-Files ha seguido vigente en el mundo del cómic hasta hace muy poco. En 2013, la editorial IDW sorprendió a propios y extraños al anunciar la décima temporada de la serie… trasladada a las viñetas. No es una práctica que resulte ajena a quienes sigan tanto el mundo del cómic como el de las series: Joss Whedon la ha utilizado para contar nuevas historias tras el final de Buffy y Angel, por ejemplo. La temporada no rehúye el legado de la segunda película (que no dejó un buen sabor de boca en general), sino que continúa a partir de ella. Han sido 25 números  y  toda una gozada para los fans: con la supervisión de Chris Carter (productor ejecutivo y co-guionista en el primer arco), la historia traza un arco que enlaza directamente con la mitología que dejó la serie en el aire, e incluso incluye algunas sorpresas exclusivas. Contó con una miniserie especial dentro de la propia continuidad, Year Zero, que también se considera parte de la historia oficial y que duró cinco números. A través de la web de IDW Publishing podemos comprar todos los números por separado y en tomos recopilatorios, aunque aún no sabemos nada de una publicación en español. Habrá que cruzar los dedos.

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Pero IDW no se ha conformado con convertirse en garante de la continuidad canónica de la serie. También ha querido llevarla más allá, a límites insospechados, al siempre fascinante terreno del intertexto. The X-Files: Conspiracy (2014) es una maravillosa locura en la que Los Pistoleros Solitarios se enfrentan a misterios de lo más pulp: a lo largo de los seis números nos encontramos crossovers con Las Tortugas Ninja, Cazafantasmas… e incluso Transformers.

Queremos creer, además, que la idea de verse convertidos en héroes en el mundo del papel encanta a los actores protagonistas de la serie, ya que no en vano ellos también han hecho sus pinitos en la literatura. Gillian Anderson publicó el pasado año su primera novela, un thriller de ciencia ficción llamado A Vision of Fire, y David Duchovny lanzó un audiolibro de nombre Holy Cow. Quién sabe, puede que algún día se atrevan con el mismo universo que les catapultó a la fama.

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