Leer en digital

Puede que hace un par de décadas, la posibilidad de leer un libro electrónico, fuera únicamente eso, una posibilidad remota. No obstante, en los últimos años, el libro electrónico se ha ido desarrollando y mejorando, haciéndose cada vez más accesible para cualquiera de nosotros. Indudablemente este hecho ha sido crucial para que se incrementara el número de lectores que se han decantado por este formato, también comprensible por la comodidad del mismo. Sin embargo, a muchos lectores todavía nos cuesta priorizar el libro electrónico frente al formato tradicional, al menos según qué momentos o en qué circunstancias. Para que entendáis un poco mi posición, he decidido redactar esta pequeña divagación personal, con la que supongo, alguno os sentiréis identificado.

Es indudable que muchos lectores estamos muy aferrados al libro en papel. Quizá se trate únicamente de una cuestión romántica, más que anticuada, pero en ocasiones recibimos ese aluvión de críticas de personas de nuestro alrededor (me atrevería a decir que suelen ser más bien de personas que leen con menor asiduidad), que nos incitan e intentan convencer de las ventajas de leer en digital. No voy a pararme a desglosar la gran cantidad de ventajas o inconvenientes que ofrece cada formato, pero es innegable que ambos nos hacen disfrutar de la lectura de forma diferente.

Pues bien, como he empezado comentando, muchos lectores nos encontramos muy aferrados al formato tradicional, al libro en papel, por esa cuestión romántica. Resulta maravillosa la sensación del libro en nuestras manos, el poder sentir que la historia es más tangible, real y tiene una forma más física de lo puede suponer a veces el fichero que guardamos en cada directorio de nuestro e-reader. No soy de las personas que leen en digital a diario, aunque alguna que otra vez he pasado páginas pulsando un par de botones, con una sensación curiosa. Tengo que reconocer que me gustaría aprovechar esta tecnología más a menudo, siento que de esta forma podríamos disfrutar de muchas más lecturas sin preocuparnos por determinadas cuestiones, como el espacio o el gasto desmesurado del papel, así como hacerlo de una forma mucho más cómoda. El 90% de las veces aprovecho las numerosas horas que pierdo en el transporte público para leer, y en ocasiones resulta hasta contraproducente cargar con mil bártulos y el libro de turno, algunas veces de gran grosor, que incluso llega a molestar. Algo que no suele ocurrir con el e-reader.

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Batalla entre el papel y lo digital en el transporte público.

Sé que llegados a este punto pensaréis entonces que lo tengo muy claro, y os preguntaréis que por qué no me decanto finalmente por el formato digital. Mi respuesta sería clara, y es que me resulta difícil desvincularme por completo de los libros en papel. Pero hay otra cuestión que no quiero desarrollar demasiado y es el precio de los libros. Soy consciente del desglose del precio de los mismos, y cómo a veces incluso se pagan por debajo de su valor, así como entiendo que el tema de los derechos del libro en digital sigue un proceso diferente y costoso en muchos sentidos. Pero no deja de resultar desalentador descubrir que la diferencia del precio entre el libro en papel y en digital es ridícula, ¿y entonces qué? Prefiero pagar 2€ más y tener en mis manos el texto tangible, real y con su olor a tinta, que el archivo de turno en su carpeta correspondiente en mi lector. También es cierto que no es un hecho que ocurra siempre, y cada vez son más las editoriales, como el caso de Carlinga, las que intentan marcar esa diferencia y ofrecer títulos en digital a un precio razonable.

Por otro lado, también es cierto que no siempre se puede encontrar la misma oferta de títulos para ambas plataformas. Por lo general, aunque esto imagino que depende de muchos factores, como la editorial o el tipo de libro, muchas novelas o se publican únicamente en papel, o en el caso de que se publiquen también en digital, estas ediciones tardan a veces meses en ponerse a disposición de los lectores. Hace unos meses pude acudir como invitada y ponente al III Congreso del Libro Electrónico en Barbastro (Huesca) y se aclararon algunas incógnitas respecto a este tema, si bien todavía hay muchas cuestiones que se mantienen en forma de incógnita. En líneas generales, se puede resumir con que la adquisición de los derechos de un texto en digital suele seguir un proceso diferente e independiente, a menudo más costoso que en el caso del texto para papel, y esto supone, además de un cambio en su precio, una demora de su publicación. Este hecho a mi parecer no resulta justo para los lectores que prefieren el formato digital, que no pueden disfrutar a la par que los demás de la misma lectura, y al final el proceso resulta en una desmotivación a la lectura en digital, ¿no creéis?

No obstante, no pretendo cerrarme por completo a la tecnología, es más, estos últimos meses me he ido haciendo a la idea de que me gustaría alcanzar un equilibrio entre ambos formatos. Me encantaría leer en los dos, y si finalmente algún libro leído en digital me maravillara, entonces apostar por su copia en papel, con el fin de evitar acumular libros que no me hubieran motivado mucho en su momento.

Así que para concluir, puedo decir que me considero una fiel defensora del libro en papel, me encanta disfrutar de mis lecturas en dicho formato, pero creo que saber lograr un equilibro con las lecturas en digital es importante hoy día. Por cuestiones de espacio y comodidad fundamentalmente, pero también porque para disfrutar de un libro sólo necesitamos, precisamente, ese libro.

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